Una de las aportaciones más interesantes del autor de la teoría del Análisis Transaccional, Eric Berne, es la clasificación de las emociones entre auténticas y no auténticas.

Las emociones son respuestas automáticas ante un estímulo o suceso en las que se experimenta una sensación. Esta sensación puede ser más o menos intensa y estar más o menos proporcionada al estímulo recibido, y nos llevan a tomar determinadas decisiones o a actuar de cierta manera.

Dada la importancia del papel que juegan las emociones en el día a día de cada uno, conviene prestarles la atención que merecen para evitar que tomen el control de nuestra vida de manera negativa. Una mala gestión de las emociones puede anular la autoestima y el poder personal que todos tenemos para controlarlas y gestionarlas de manera adecuada.

Ser capaz de sentir, expresar y controlar las emociones es fundamental para disfrutar de una buena salud emocional. Sin embargo, Berne explica cómo estas emociones se van formando desde la infancia y cómo puede alterarse su naturaleza o autenticidad hasta crear otras que son menos saludables.

Emociones auténticas y sustitutivas

Una emoción auténtica tiene un origen biológico, innato, natural. Sin embargo, las emociones pueden ser adquiridas en una adaptación negativa de las emociones auténticas. Veamos cuáles son y en qué se diferencian.

Las emociones auténticas son cinco:

– Alegría o placer.

– Afecto.

– Miedo.

– Ira.

– Tristeza.

¿Qué sentido tienen estas emociones? Cada una de ellas tiene una importante función.

La alegría y el placer, nos ayudan a motivarnos en determinadas actividades y a disfrutarlas. Además, aumentan el atractivo social y son muy saludables.

El afecto muestra la atracción emocional que tenemos hacia otras personas, determinando nuestras elecciones en cuanto a con quién nos relacionamos y ayudando a mantener dichos lazos. Es la emoción que nos permiten recibir apoyo y mostrar cariño y es muy beneficiosa para el estado general de salud, ya que aumenta las defensas del organismo.

El miedo nos alerta de peligros que pueden ser reales o potenciales, una intuición o un suceso presente. Es una valiosa emoción ya que puede salvarnos la vida indicándonos que debemos huir o ser precavidos, pero también puede convertirse en un problema cuando se trata de un miedo irracional o desproporcionado.

La ira es útil para defendernos y mostrar a los demás lo que nos disgusta o nos daña, así como para establecer límites. Es fundamental saber expresar esta emoción de una manera adecuada.

La tristeza nos permite afrontar el dolor producido por cualquier tipo de pérdida o aceptar las  desilusiones.

Experimentar estar cinco emociones es necesario y saludable, siempre que se haga de manera adecuada y proporcionada.

Existen razones culturales y familiares que condicionan la intensidad y la duración de las emociones: se puede observar claramente la diferencia en la expresión emocional entre diferentes culturas y también entre diferentes familias.

La religión o las creencias pueden conducir a prohibiciones en cuanto a determinadas emociones, lo cual produce una sustitución por otra, un “rebusque”. Es decir, que el rechazo hacia una emoción natural, da como resultado una emoción sustitutiva.

Las emociones sustitutivas

Generalmente, la prohibición familiar de determinadas emociones auténticas es inconsciente y se transmite de generación en generación. Por ejemplo, en una familia machista se entiende como inaceptable que los hombres se muestren tristes. Esto conduce a que sustituyan la tristeza por una emoción que sea aceptada en su caso, como la ira.

De este modo, cada vez que los hombres de esta familia se sientan tristes, será la ira la emoción que adopten. Lo que sucede, es que al no tratarse de una ira auténtica, lo que experimentan es una “falsa rabia” que está tapando los auténticos sentimientos de tristeza. Ya que no pueden llorar, se mostrarán irritados y enfadados.

Las mujeres, en cambio, en el caso de la misma familia, no deben mostrar ira. ¿Qué ocurre entonces? Sustituyen esta emoción natural por otras, como puede ser el resentimiento.

En otras familias se puede observar que, ocurra lo que ocurra, todo debe parecer “estar bien”, mientras que en otras no existe ninguna muestra de afecto. Todo ello da lugar a emociones “falsas” que tapan las emociones auténticas.

Entre las emociones sustitutivas más comunes, encontramos:

Falsa rabia. Sentimiento de odio sin una justificación objetiva que se puede llegar a experimentar durante toda una vida.

Falso miedo. Temor irracional y desmedido que toma forma de fobia y que se produce por imitación, por algún trauma del pasado o por aprendizaje familiar.

Falsa alegría. Fingir gestos alegres o risas, ocultando un sentimiento de malestar. Suele tapar el miedo auténtico, la rabia auténtica y la tristeza auténtica.

Falso afecto. Mostrar cariño hacia alguien sin sentirlo de verdad.

Vergüenza. Sentirse en una situación ridícula, con miedo a ser observado y juzgado.

Inadecuación. Sentirse fuera de lugar, torpe y con vergüenza.

Envidia. Sentimiento de malestar por el bien ajeno, con el deseo de querer lo que tienen otros en vez de lo que puede tener uno mismo.

Ansiedad. Sentimiento de angustia ante una amenaza que puede no ser real ni estar justificada.

Resentimiento. Es una falsa rabia que se experimenta interiormente.

Rivalidad. Necesidad de ser siempre el mejor que se acompaña de una gran frustración cuando no es así.

Celos. Sentimiento de inseguridad y miedo en el que la persona amada es considerada superior a uno mismo.

Sadismo. Un sentimiento de falsa alegría o satisfacción ante el sufrimiento de otros.

Depresión. Falsa tristeza volcada sobre uno mismo que generalmente nace de una autocrítica constante y severa.

Culpa. Sentir miedo a un castigo cuando ocurre algo bueno mientras que a otras personas les ocurren cosas negativas.

Estas emociones sustitutivas o “sucedáneos de emociones auténticas”, generan multitud de conflictos y malestar, principalmente por dos importantes motivos: no permiten que otros nos comprendan con facilidad y que entiendan lo que realmente nos sucede y experimentamos una gran confusión emocional también con nosotros mismos.

¿Cómo funciona esta sustitución?

Ante un estímulo o un suceso, la persona de manera natural activa la emoción correspondiente. Sin embargo, en ese preciso momento surge el sentimiento sustitutivo cuando existe una prohibición consciente o inconsciente.

Con el tiempo, se convierte en un círculo que se alimenta cada vez que una experiencia “reafirma” alguno de los miedos.

Por ejemplo, una mujer que tiene un miedo irracional a que nadie la quiera, se puede mostrar poco afectiva y celosa en una relación de pareja en lugar de disfrutar del afecto y la alegría. Entonces puede ocurrir que su pareja la abandone, alimentando así la idea de que nadie la va a querer y reforzando tanto sus sentimientos negativos como sus miedos.

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Autoestima y Poder Personal

Diferencias entre emociones auténticas y “rebusques”

Una emoción es auténtica cuando se trata de una respuesta coherente a aquello que la ha activado. Tiene, además, una intensidad y una duración proporcionadas al estímulo y se experimentan en el momento presente, al mismo tiempo en que el suceso ocurre.

Invitan a que otra persona, saludable emocionalmente, sienta lo mismo que nosotros o bien genera una emoción complementaria. Por ejemplo, si sentimos tristeza auténtica, generaremos la misma tristeza o afecto con el propósito de la otra persona de hacernos sentir mejor.

Esto es el resultado de unas vivencias saludables en la infancia, en las cuales la tristeza y el miedo dan lugar a ser protegidos y el afecto o la alegría son compartidos.

Sin embargo, un rebusque es incoherente: la emoción es desproporcionada y puede aparecer una rabia intensa por una situación sin importancia o por un leve estímulo.

Dentro de las situaciones familiares que producen la creación de las emociones sustitutivas, son frecuentes la costumbre de ridiculizar el afecto, la incapacidad de disfrutar, las discusiones frecuentes, la exageración de ciertas situaciones, la inculcación de miedos profundos y desmedidos.

En definitiva, la mala expresión de los sentimientos en una familia, así como las emociones inadecuadas y nocivas, se traspasan a menudo de generación en generación mediante el aprendizaje y la imitación

Reeducar las emociones

La valentía para reconocer nuestras emociones y la habilidad de gestionarlas, determinará la calidad de nuestras relaciones con los demás y con nosotros mismos.

A ello nos ayuda el Análisis Transaccional, a conocer y expresar emociones auténticas y de la manera apropiada en cada situación, nos permite ser más felices y, además, convertirnos en personas emocionalmente saludables para otras personas.

Para conseguir modificar nuestras emociones se pueden seguir estos pasos:

– Ser consciente de nuestra cultura, de la educación que recibimos en el pasado y del aprendizaje familiar que hemos experimentado. El primer paso es siempre darse cuenta de lo que nos ocurre.

– Identificar todos los sentimientos sustitutivos que hemos ido adoptando a lo largo de nuestra vida y localizar las situaciones en las que se generan. Conviene fijarse en qué pensamientos tenemos para sentirnos de una cierta manera. Generalmente, son pensamientos negativos e incoherentes que podemos ir desechando por otros que sean más constructivos.

– Señalar las emociones auténticas que deberíamos experimentar en cada una de esas situaciones.

– Comenzar a aplicar los cambios necesarios para expresar nuestros auténticos sentimientos de una manera más saludable que, además, resulte mucho más práctica para entendernos mejor con los demás en nuestras relaciones personales.

Recuerda que una persona que aprende a gestionar sus emociones puede experimentar una serie de cambios muy beneficiosos en diferentes aspectos de la vida y fundamentales para alcanzar un mayor bienestar personal.

Aquí tienes la teoría y además te he dejado ejemplos prácticos, ahora es tu turno.

¿Te atreves a investigar esas emociones auténticas y sustitutivas que hay en ti?

¡El trabajo y el tiempo de hacerlo te aseguro que da buenos resultados!

Y si te animas… ¡Me encantará leer tus reflexiones!

¡Feliz Día!¡Feliz Vida! ¡Nos leemos pronto!

Con Cariño Rosa Maria

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