Ya sabemos que el ser humano es social por naturaleza. Es decir, necesita de sus espacios de soledad, sin embargo, también fomenta su propia esencia en sus vínculos y relacionándose con los demás ya que esto forma parte de su supervivencia en esta sociedad. Por esta razón, las habilidades sociales son las cualidades de respeto, amabilidad, empatía y asertividad que cada persona puede poner en práctica en su propia vida.

Conviene puntualizar que estas habilidades son innatas en el ser humano, sin embargo, solo se desarrollan plenamente cuando se entrenan y se ponen en práctica. Cuando una persona pasa un tiempo encerrada en sí misma, sus capacidades sociales quedan adormecidas. Ahí es cuando te tienes que poner en acción. Recuerda que sin práctica, sin acción, no hay cambio.

Hagamos introspección, en estos momentos de tu vida, del 1 al 10 ¿Cuál es tu nivel de satisfacción en referencia a tus habilidades sociales? ¿Qué cambiarías, qué cualidad añadirías para sentirte más satisfecha?

Daniel Goleman explica la importancia de la inteligencia emocional a través de la que un ser humano se conoce mejor a sí mismo con introspección. La inteligencia social se fundamenta en la emocional. Hace referencia a la capacidad de liderazgo y creación de lazos que tiene una persona a lo largo de su vida tanto en el plano personal como en el ámbito profesional. ¿Qué acciones crees que te ayudarían a crear lazos y relaciones más saludables… ?

La naturaleza social del ser humano se refleja en la comunicación. ¿Sabías que siempre estás comunicando? Para la persona es imposible no comunicar puesto que no solo te expresas a través de tus palabras, sino también mediante tu lenguaje corporal y expresión facial. ¿Crees que solo importa lo que se dice a la hora de comunicar? Verás, no solo importa aquello que dices sino también, cómo lo dices.

Por medio de las habilidades sociales creas relaciones de calidad en tu vida. Gracias a gestos que son un claro ejemplo de asertividad. Por ejemplo, la capacidad de expresar deseos en primera persona, sin esperar que un tercero adivine los propios pensamientos.

¿Cuántas veces no esperas que la otra persona “adivine” lo que necesitas? ¿Cuántas veces te funciona esa espera? Es más, ¿no crees que sería mejor expresar asertivamente y con claridad aquello que deseas obtener?

Otro ejemplo para mejorar tu comunicación y potenciar tus habilidades sociales sería elogiar a los compañeros de trabajo  por el éxito de un objetivo alcanzado. ¿Cuánto nos cuesta a veces reconocer aquello que el otro ha hecho bien, verdad? Pues es bueno que sepas que te reporta beneficios tanto a ti, que eres quién da esta “caricia positiva” como se conoce en Análisis Transaccional, como a la otra persona, que se siente reconfortada por ver reconocido su éxito.

Pautas a tener en cuenta

  • Es importante que sepas adaptar el tono de la conversación al contexto.
  • Tener en cuenta el grado de confianza,  ya que dependiendo de con quién te estés comunicando es posible que puedas hacer preguntas más o menos personales.
  • Desarrollar la empatía para comprender al interlocutor en lugar de juzgarle por una acción.

Las habilidades sociales son tan importantes que, cada vez con más frecuencia en el contexto empresarial, no solo se imparte formación técnica sino también, cursos de inteligencia emocional. Su objetivo principal es potenciar el humanismo en el entorno de trabajo para que los profesionales sean felices mientras realizan su actividad laboral.

Un clima laboral agradable, que incrementa el bienestar emocional del equipo, es un ejemplo de espacio que está integrado por personas que ponen en práctica el respeto y la colaboración para que todos salgan ganando.

El pensamiento crea el sentimiento

La adquisición de habilidades sociales parte de un aprendizaje que comienza en la infancia y que está condicionado por las experiencias de esta etapa. Sin embargo, tú, como persona puedes poner en práctica tu libertad de crecer y evolucionar al modelar las acciones de aquellas personas a las que admiras. Una habilidad social es una actitud cuyo origen está en el pensamiento. Es decir, es la forma de pensar la que influye en el comportamiento individual.

Por ejemplo, cuando una persona se incorpora a una nueva empresa, puede tener miedo de no caer bien a los demás compañeros. En ese caso, este pensamiento le genera un nerviosismo que limita su potencial para ser ella misma ya que se predispone de un modo negativo a partir de la desconfianza que sufre. Por el contrario, cuando una persona disfruta de cada experiencia, enfocándose en lo positivo de cada vivencia, entonces, consigue potenciar lo mejor de sí misma. Y en realidad en ambas situaciones está escogiendo su actitud. ¿Con cuál te identificas más? ¿Con la persona que limita su potencial o con aquella que decide vivir la experiencia desde otro punto y sacar lo mejor de sí misma?

Habilidades sociales y autoestima

Por tanto, las habilidades sociales también nacen de la autoestima. Cuando una persona se siente bien consigo misma, también disfruta de las relaciones interpersonales. Por el contrario, cuando sufre inseguridad o bloqueo emocional,  y se sitúa en el papel de víctima, entonces, proyecta estas dificultades a otros vínculos sociales a partir de la ley del espejo. Es decir, cada persona proyecta en los lazos sociales su propio reflejo.

Aquella persona que queriendo tener un rol activo, se siente incapaz y adopta el rol de espectador en una reunión de trabajo, es también un ejemplo de alguien que no desarrolla sus habilidades sociales. Esta actitud se contrapone al caso de quien, siendo protagonista de su propio momento vital, se implica en la reunión para hacer preguntas y plantear todas las dudas. Tener habilidades sociales significa que cada persona, a partir de su propia esencia y personalidad, consiga proyectar lo mejor de sí misma en sus palabras y acciones.

Cómo resolver los conflictos

Pero es evidente que al formar parte de un grupo, no todas las situaciones fluyen en armonía, sino que también pueden darse conflictos y diferencias. Un conflicto no es una barrera insalvable, sino una circunstancia que puede negociarse con habilidades sociales. ¿Cuál es la clave para solucionar los conflictos?

1. En primer lugar, pensar en términos de bien común. Es decir, intentar ir más allá del punto de vista individual para complementar la información propia con el punto de vista del interlocutor. Para ello, es fundamental poner en práctica la escucha activa para resolver conflictos.

2. Conviene adoptar una actitud positiva ante los conflictos para no dramatizar la situación. Por otra parte, es fundamental buscar un esquema de negociación que repite la esencia “yo gano, tú ganas”. Es decir, es positivo encontrar una solución común que beneficie a los implicados en el conflicto. Es posible elaborar una lluvia de ideas con soluciones a ese conflicto para elegir finalmente la opción más eficaz.

3. Existen palabras esenciales que son terapéuticas para alimentar la confianza en el diálogo: gracias, por favor y lo siento. Mensajes breves, pero que son muy productivos porque transmiten confianza y respeto. Estas palabras no resultan mágicas por sí mismas, es decir, deben expresarse con sinceridad para que sean efectivas. Tenemos que partir de la base que este cambio en las palabras que utilizamos empieza por ti misma, empieza por cambiar tu diálogo interior que te boicotea y sigue por potenciar el que te da poder para ser la protagonista de tu vida. Si quieres saber más sobre el diálogo interior, aquí tienes un post que escribí sobre ello.

4. El lenguaje corporal también comunica una información determinada. Por esta razón, es aconsejable buscar el contacto visual durante la conversación para tener una cercanía emocional. También es positivo repetir el nombre del interlocutor durante la charla, ya que este gesto es una expresión de valoración hacia el otro.

5. Cuando tenemos por delante un conflicto por solucionar es recomendable buscar el momento adecuado para mantener la conversación. Conviene concretar una reunión para charlar, aclarar los posibles malos entendidos y buscar puntos de encuentro.

Ante los conflictos ¿con qué actitud te identificas más?

  • ¿Piensas en el bien común o por el contrario te mantienes en tus trece sin escuchar a la otra parte?
  • ¿Cuidas el diálogo y la forma en cómo te comunicas utilizando palabras que transmitan confianza y respeto para llegar a un acuerdo de forma constructiva? ¿O por el contrario las palabras que utilizas te alejan de la solución?
  • ¿Cómo es tu diálogo interior en los momentos de conflicto? ¿Suma o resta para llegar a puntos de encuentro en común?

Recuerda ¡Investígate! En ti están las respuestas y en ti la capacidad para aumentar tus habilidades sociales y tener unas relaciones interpersonales más saludables.

¡Feliz Día!¡Feliz Vida! ¡Abrazos a tu Corazón!

Con Cariño Rosa Maria

 

 

 

 

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